Vida de Santos
San Benito, patrón de Europa
(Josep Miquel Bausset)- Fue el 24 de octubre de 1964 (mañana hará 50 años), cuando el papa Pablo VI, en el monasterio italiano de Montecassino, proclamaba a San Benito patrón de Europa, por medio de la Carta Apostólica, Pacis nuntius.
Benito, nacido en Nursia sobre el 480 y fallecido en Montecassino el 547, fue un hombre de Dios que recogió la herencia del monaquismo antiguo y lo adaptó a su tiempo, organizando así la vida monástica en Occidente.
Por medio de la cultura, la oración y el trabajo, San Benito puso los cimientos de la naciente Europa, dando lugar de esta manera a una nueva civilización. Fue con el libro, la cruz y el arado, que San Benito organizó los monasterios como espacios de cultura y de acogida, de oración, de fraternidad y de trabajo. Así, como ha dicho la madre Mª Assumpció Pifarré, Priora del monasterio de San Daniel de Girona, "La vida de la comunidad es un estímulo valioso para crecer en el amor a Cristo y a los hermanos. Es un servicio de gratuidad y de amor, es escuela de convivencia donde se construye, pacientemente, la vida fraterna, con luces y sombras, sufrimientos y alegrías, comunión y soledad".
Mañana hará 50 años que el papa Montini recordaba (, la importancia de la Abadía benedictina de Montecassino, "incomparable monumento de religión, de cultura, de arte, de civilización". El papa Pablo VI también destacaba la importancia de la vida monástica de esta manera: "La Iglesia tiene necesidad todavía hoy de esta forma de vida religiosa, y el mundo también tiene necesidad". Y es que según Pablo VI, en medio de un mundo sediento, "es esta sed de auténtica vida personal, lo que conserva actual el ideal monástico".
Para el papa Pablo VI, Europa era aun heredera de "las raíces cristianas que San Benito, de tantas maneras, le dio". Por eso el papa presentaba al santo abad como "mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización, heraldo de la religión de Cristo y fundador de la vida monástica en Occidente".

Mañana hará 50 años que el papa Montini resaltaba la importancia de este padre de monjes en el nacimiento y en la humanización del viejo continente, y por eso, "perpetuamente constituimos y proclamamos a San Benito, Abad celestial, Patrón Principal de toda Europa".
50 años después del patronazgo de San Benito sobre Europa, sus enseñanzas son plenamente actuales. Como ha dicho el P. Josep Mª Soler, Abad de Montserrat, "en la Regla (que sintetiza su camino espiritual, su carisma en la Iglesia) y con su intercesión, San Benito continúa ofreciendo su sabiduría, no solo a los monjes, sino a todos los hombres y mujeres de hoy".
San Benito como patrón de Europa, y en pleno siglo XXI, nos "enseña a crear un clima de convivencia pacífica, basada en el respeto al otro y en la confianza en que las personas pueden mejorar", como ha dicho el P. Josep Mª Soler.
La vida monástica ha de transmitir unos valores humanos que hoy van desapareciendo, como el silencio, la pureza de corazón, la humildad, la sobriedad, la austeridad de vida, el saber compartir.... Por eso los monasterios han de ser escuelas de caridad y de fraternidad, lugares donde se cultive y se aprenda el arte del amor.
La vida fraterna nos permite hacer la experiencia de la comunión, mientras pasamos del "yo" al "nosotros" y de los "otros", a "los otros y yo", como ha dicho la madre Montserrat Viñas, Abadesa del monasterio de Sant Benet de Montserrat.
Y es que hoy y siempre, la Iglesia y la sociedad, como ha dicho Enzo Bianchi, tienen "necesidad de profecía, no de vaticinio; de ruptura, no de conformismo; de radicalidad, no de sectarismo". De aquí que el monacato sea una opción marcada por la diferencia que le viene del Evangelio y que hace posible una vida más humana, donde se intenta demostrar que lo imposible puede ser posible y que la esperanza crea vínculos de comunión y hace desaparecer los miedos.
Que San Benito nos ayude a hacer de la vieja Europa, y de cada monasterio, un lugar más humano, donde aprendamos a acogernos los unos a los otros sin recelos, sin desconfianzas ni suspicacias.
Ojalá San Benito afiance más y más la esperanza de todos los europeos, para así poder rehacer los caminos que la incomprensión ha roto. Siempre desde el diálogo, la solidaridad y el respete a la diversidad de los pueblos que forman nuestro viejo continente. Y que San Benito sea luz y guía en la reconstrucción de Europa.
SAN INDALECIO
San Indalecio es uno de los 7 Varones Apostólicos que anunciaron el evangelio en la Península Ibérica en el siglo I. Fueron discípulos del Apóstol Santiago, en su primer viaje a España y estancia en la Colonia César Augusta (hoy Zaragoza); le acompañaron después hasta Roma y, luego, a Jerusalén. Fueron ordenados obispos en Roma por San Pedro y San Pablo, y enviados a Hispania a predicar la fe católica.
Sus nombres son:
Torcuato en Acci (Guadix), Tesifón en Verji (Berja), Esiquio en Carcese (Carcesa,Jaén),Indalecio en Urci (Almería), Segundo en Abula (Abla), Eufrasio en Iliturgi (cerca de Andújar), y Cecilio en Elvira (próxima a Granada).
San Indalecio nació en Caspe (Aragón), única ciudad en el mundo que conserva viva la memoria local de su nacimiento. En Zaragoza ayudó al Apóstol Santiago en la construcción del primer camarín a la Virgen. San Indalecio funda la Sede Episcopal de Urci, ciudad romana que, después de la invasión árabe, se convirtió en la actual Almería. Aquí llegó, no sin salvar dificultades, fatigas, persecuciones y tormentos. Esparce generoso la semilla de la verdad del Evangelio que sella con el testimonio de su vida hasta el derramamiento de sangre. Su martirio será el sello de la autenticidad de su entrega.
De aquella vieja población romana, que fue Urci, quedó una pequeña villa, hoy Pechina. En su iglesia reposaron enteros los restos de san Indalecio. En el siglo XI, un capitán mozárabe llamado García Arnáez, acompañado de unos monjes benedictinos, hizo el traslado de los restos sagrados al Monasterio san Juan de la Peña. Así quedaban custodiadas las venerables reliquias del aragonés que un día fuera discípulo de Santiago. Desde ahora, este histórico monasterio, situado en plena ruta jacobea, cobraría más importancia y sería estación obligada para muchos peregrinos europeos que, en su caminar al sepulcro del Apóstol, entrarían allí para venerar al gran discípulo del Patrón español. Los avatares históricos por los que atravesó el Monasterio de san Juan de la Peña después de las leyes desamortizadoras, obligaron a un nuevo traslado de los restos de san Indalecio.
Actualmente se custodian y veneran en la Catedral de Jaca y, en el altar de la Capilla Mayor de la Catedral de Almería, en una arqueta de plata se guarda y venera una reliquia insigne, traída desde aquella Diócesis aragonesa.
Con estos datos te habrás dado cuenta por qué nuestra Catedral tiene el título deApostólica, y por qué San Indalecio es nuestro Patrón.
Benito, nacido en Nursia sobre el 480 y fallecido en Montecassino el 547, fue un hombre de Dios que recogió la herencia del monaquismo antiguo y lo adaptó a su tiempo, organizando así la vida monástica en Occidente.
Por medio de la cultura, la oración y el trabajo, San Benito puso los cimientos de la naciente Europa, dando lugar de esta manera a una nueva civilización. Fue con el libro, la cruz y el arado, que San Benito organizó los monasterios como espacios de cultura y de acogida, de oración, de fraternidad y de trabajo. Así, como ha dicho la madre Mª Assumpció Pifarré, Priora del monasterio de San Daniel de Girona, "La vida de la comunidad es un estímulo valioso para crecer en el amor a Cristo y a los hermanos. Es un servicio de gratuidad y de amor, es escuela de convivencia donde se construye, pacientemente, la vida fraterna, con luces y sombras, sufrimientos y alegrías, comunión y soledad".
Mañana hará 50 años que el papa Montini recordaba (, la importancia de la Abadía benedictina de Montecassino, "incomparable monumento de religión, de cultura, de arte, de civilización". El papa Pablo VI también destacaba la importancia de la vida monástica de esta manera: "La Iglesia tiene necesidad todavía hoy de esta forma de vida religiosa, y el mundo también tiene necesidad". Y es que según Pablo VI, en medio de un mundo sediento, "es esta sed de auténtica vida personal, lo que conserva actual el ideal monástico".
Para el papa Pablo VI, Europa era aun heredera de "las raíces cristianas que San Benito, de tantas maneras, le dio". Por eso el papa presentaba al santo abad como "mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización, heraldo de la religión de Cristo y fundador de la vida monástica en Occidente".

Mañana hará 50 años que el papa Montini resaltaba la importancia de este padre de monjes en el nacimiento y en la humanización del viejo continente, y por eso, "perpetuamente constituimos y proclamamos a San Benito, Abad celestial, Patrón Principal de toda Europa".
50 años después del patronazgo de San Benito sobre Europa, sus enseñanzas son plenamente actuales. Como ha dicho el P. Josep Mª Soler, Abad de Montserrat, "en la Regla (que sintetiza su camino espiritual, su carisma en la Iglesia) y con su intercesión, San Benito continúa ofreciendo su sabiduría, no solo a los monjes, sino a todos los hombres y mujeres de hoy".
San Benito como patrón de Europa, y en pleno siglo XXI, nos "enseña a crear un clima de convivencia pacífica, basada en el respeto al otro y en la confianza en que las personas pueden mejorar", como ha dicho el P. Josep Mª Soler.
La vida monástica ha de transmitir unos valores humanos que hoy van desapareciendo, como el silencio, la pureza de corazón, la humildad, la sobriedad, la austeridad de vida, el saber compartir.... Por eso los monasterios han de ser escuelas de caridad y de fraternidad, lugares donde se cultive y se aprenda el arte del amor.
La vida fraterna nos permite hacer la experiencia de la comunión, mientras pasamos del "yo" al "nosotros" y de los "otros", a "los otros y yo", como ha dicho la madre Montserrat Viñas, Abadesa del monasterio de Sant Benet de Montserrat.
Y es que hoy y siempre, la Iglesia y la sociedad, como ha dicho Enzo Bianchi, tienen "necesidad de profecía, no de vaticinio; de ruptura, no de conformismo; de radicalidad, no de sectarismo". De aquí que el monacato sea una opción marcada por la diferencia que le viene del Evangelio y que hace posible una vida más humana, donde se intenta demostrar que lo imposible puede ser posible y que la esperanza crea vínculos de comunión y hace desaparecer los miedos.
Que San Benito nos ayude a hacer de la vieja Europa, y de cada monasterio, un lugar más humano, donde aprendamos a acogernos los unos a los otros sin recelos, sin desconfianzas ni suspicacias.
Ojalá San Benito afiance más y más la esperanza de todos los europeos, para así poder rehacer los caminos que la incomprensión ha roto. Siempre desde el diálogo, la solidaridad y el respete a la diversidad de los pueblos que forman nuestro viejo continente. Y que San Benito sea luz y guía en la reconstrucción de Europa.
SAN INDALECIO
San Indalecio es uno de los 7 Varones Apostólicos que anunciaron el evangelio en la Península Ibérica en el siglo I. Fueron discípulos del Apóstol Santiago, en su primer viaje a España y estancia en la Colonia César Augusta (hoy Zaragoza); le acompañaron después hasta Roma y, luego, a Jerusalén. Fueron ordenados obispos en Roma por San Pedro y San Pablo, y enviados a Hispania a predicar la fe católica.
Sus nombres son:
Torcuato en Acci (Guadix), Tesifón en Verji (Berja), Esiquio en Carcese (Carcesa,Jaén),Indalecio en Urci (Almería), Segundo en Abula (Abla), Eufrasio en Iliturgi (cerca de Andújar), y Cecilio en Elvira (próxima a Granada).
San Indalecio nació en Caspe (Aragón), única ciudad en el mundo que conserva viva la memoria local de su nacimiento. En Zaragoza ayudó al Apóstol Santiago en la construcción del primer camarín a la Virgen. San Indalecio funda la Sede Episcopal de Urci, ciudad romana que, después de la invasión árabe, se convirtió en la actual Almería. Aquí llegó, no sin salvar dificultades, fatigas, persecuciones y tormentos. Esparce generoso la semilla de la verdad del Evangelio que sella con el testimonio de su vida hasta el derramamiento de sangre. Su martirio será el sello de la autenticidad de su entrega.
De aquella vieja población romana, que fue Urci, quedó una pequeña villa, hoy Pechina. En su iglesia reposaron enteros los restos de san Indalecio. En el siglo XI, un capitán mozárabe llamado García Arnáez, acompañado de unos monjes benedictinos, hizo el traslado de los restos sagrados al Monasterio san Juan de la Peña. Así quedaban custodiadas las venerables reliquias del aragonés que un día fuera discípulo de Santiago. Desde ahora, este histórico monasterio, situado en plena ruta jacobea, cobraría más importancia y sería estación obligada para muchos peregrinos europeos que, en su caminar al sepulcro del Apóstol, entrarían allí para venerar al gran discípulo del Patrón español. Los avatares históricos por los que atravesó el Monasterio de san Juan de la Peña después de las leyes desamortizadoras, obligaron a un nuevo traslado de los restos de san Indalecio.
Actualmente se custodian y veneran en la Catedral de Jaca y, en el altar de la Capilla Mayor de la Catedral de Almería, en una arqueta de plata se guarda y venera una reliquia insigne, traída desde aquella Diócesis aragonesa.
Con estos datos te habrás dado cuenta por qué nuestra Catedral tiene el título deApostólica, y por qué San Indalecio es nuestro Patrón.





























